1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

  280. Número 280 · Enero 2022

  281. Número 281 · Febrero 2022

  282. Número 282 · Marzo 2022

  283. Número 283 · Abril 2022

  284. Número 284 · Mayo 2022

  285. Número 285 · Junio 2022

  286. Número 286 · Julio 2022

  287. Número 287 · Agosto 2022

  288. Número 288 · Septiembre 2022

  289. Número 289 · Octubre 2022

  290. Número 290 · Noviembre 2022

  291. Número 291 · Diciembre 2022

  292. Número 292 · Enero 2023

  293. Número 293 · Febrero 2023

  294. Número 294 · Marzo 2023

  295. Número 295 · Abril 2023

  296. Número 296 · Mayo 2023

  297. Número 297 · Junio 2023

  298. Número 298 · Julio 2023

  299. Número 299 · Agosto 2023

  300. Número 300 · Septiembre 2023

  301. Número 301 · Octubre 2023

  302. Número 302 · Noviembre 2023

  303. Número 303 · Diciembre 2023

  304. Número 304 · Enero 2024

  305. Número 305 · Febrero 2024

  306. Número 306 · Marzo 2024

  307. Número 307 · Abril 2024

  308. Número 308 · Mayo 2024

  309. Número 309 · Junio 2024

  310. Número 310 · Julio 2024

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

TIRANDO DEL HILO, XXII

El amor en la literatura y en la vida

Una defensa apasionada de los clubes de lectura

Carmen G. de la Cueva 14/06/2024

<p><em>La lectora de novelas románticas</em> (1888).</p>

La lectora de novelas románticas (1888).

Vincent van Gogh

En CTXT podemos mantener nuestra radical independencia gracias a que las suscripciones suponen el 70% de los ingresos. No aceptamos “noticias” patrocinadas y apenas tenemos publicidad. Si puedes apoyarnos desde 3 euros mensuales, suscribete aquí

Son las siete menos cinco de la tarde, es un martes cualquiera –o un miércoles o un jueves–, al otro lado de la ventana, llueve, o puede que las nubes corran por el cielo como ovejillas por el prado al ritmo de la brisa primaveral, o un sol inclemente de verano atraviesa los cristales e ilumina con fulgor mi rostro en la pantalla. Poco importa el tiempo atmosférico, este club de lectura se reúne todos los meses desde hace años. Las veo, una a una, las lectoras comienzan a conectarse y sus caritas me parecen hermosas visiones. Las hay más novatas, lectoras que llevan apenas unos meses y que nunca habían estado en un club de lectura, las hay veteranas, lectoras que llevan conmigo años, sí, años, leyendo juntas, conversando, aprendiendo, creciendo y conociéndonos cada vez más. Lectoras de veinte o veintipico años, lectoras de treinta, de cuarenta, de cincuenta, de sesenta, hasta alguna lectora de más de ochenta, de aquí y del otro lado del charco, expatriadas en Francia o Australia, en Bélgica o Alemania, en Estados Unidos, en México y Costa Rica y Chile y Argentina. Muchas se sorprenden cuando, en la primera o segunda sesión a la que vienen, reconozco sus rostros y me sé sus nombres de memoria, a qué se dedican, recuerdo cualquier cosa que en sus mails –correos electrónicos que son como cartas íntimas, misivas lanzadas al mar de bytes en una botella de cristal– me cuentan quiénes son, por qué dejaron de leer un día, algo que las hacía felices, que las conectaba consigo mismas, “quizá”, me dicen con frecuencia en sus cartas, “si me apunto al club vuelva a leer con amor, con pasión, como cuando era niña, como al principio de todo, cuando no iba de un lado para otro, corriendo, siempre corriendo y podía pararme a leer un libro entero de principio a fin solo porque me apetecía”. En esas horas que dura la sesión, lo dejamos todo atrás, no somos alumnas ni madres ni profesoras ni esposas ni abuelas ni trabajadoras entregadas y explotadas, somos, simplemente, lectoras apasionadas. Escribo en femenino, cómo no hacerlo, el 99,99% de las personas que están en el club de lectura de La tribu que dinamizo desde 2016 son mujeres. Ha habido algún lector, este curso, por ejemplo, solo hay uno entre las 150 lectoras. No quiero, no me apetece detenerme en por qué no hay apenas lectores hombres en los clubes de lectura. Hoy no. Prefiero hablar del amor y de los libros y de la conexión mágica, casi mística, que se produce en un club de lectura cuando hay verdadera sintonía entre las lectoras y el libro. 

Le he cogido prestado el título de este artículo a Carmen Martín Gaite porque ella siempre tiene un buen título, una palabra, una frase genial para todo. “El amor en la literatura y en la vida” es el nombre de una conferencia incluida en su libro Pido la palabra (Anagrama, 2002) donde da una definición perfecta de cómo la literatura, los libros, nos remueven y conmueven desde que comenzamos a leer: “La literatura se introduce en nuestras vidas de una forma insensible y progresiva y no solo nos va conformando el pensamiento sino también prestándonos sus propios ojos, es decir, proporcionándonos patrones con arreglo a los cuales mirar lo que pasa, escuchar lo que nos cuentan, adornar nuestros sueños e interpretar los hechos de la propia novela vivida como tal”. Me gusta la imagen de esos ojos prestados por los libros, ojos a través de los que mirar el mundo desde otro sitio, sin ser nosotras mismas exactamente, pero sin dejar de serlo. Algo así sucede también en un club de lectura. De repente, una compañera comienza a hablar emocionada de Léxico familiar de Natalia Ginzburg, muy emocionada, como si las palabras no pudieran quedarse quietas en la boca esperando su turno y tuvieran que salir todas juntas, a la vez, alterando el discurso planeado en la cabeza, en las notas del cuadernito que tiene en las manos y haciéndolo más fresco, espontáneo y contagioso. Y así, sin saberlo ella siquiera, esa lectora nos ha prestado sus propios ojos para volver a mirar la novela de Ginzburg y emocionarnos con ella. Eso sucede mucho en las sesiones, constantemente, siempre, siempre. Una puede llegar con su esquema bien armadito, “La campana de cristalde Sylvia Plath no me ha gustado nada, la protagonista es muy frívola, he tenido que dejarla a la mitad”, y salir amando locamente a Esther Greenwood, queriendo apagar la pantalla para entregarse de lleno a la lectura y acabar la novela esa misma noche. 

Diría que todas o casi todas las lectoras de un club de lectura tenemos, como dice Gaite, la tendencia a vivir la vida como si fuera una novela, desde niñas, y esa vocación de personaje crece paralelamente con todas las historias que nos cuentan y las historias que luego comenzamos a leer y que nos sacan “de la obligatoria cronología que en esta se desarrolla, arrebatándonos a un tiempo ficticio cuyos límites no nos oprimen”. Un club de lectura no es solo un lugar de encuentro o de aprendizaje, es un lugar de liberación, de auténtico gozo. Hubo un tiempo en que las sesiones de este club fueron presenciales, nos reuníamos en una librería, había vinito, bizcocho o galletas caseras, nos abrazábamos y besábamos al llegar y, al acabar, casi siempre, prolongábamos la conversación en un bar. Así hice buenas amigas, amigas que todavía hoy conservo, amigas de los libros, primero, y amigas de la vida, después. Porque si alguien piensa, alguien que nunca haya pisado un club de lectura como lector o lectora, que es un espacio donde solo se habla de libros, se equivoca. Se empieza hablando de un libro, no sé, por ejemplo, de La mala costumbre de Alana S. Portero o de Annie John de Jamaica Kincaid o de La plaza del diamante de Mercé Rodoreda o de No he salido de mi noche de Annie Ernaux y se termina hablando de la propia vida de una, compartiendo una intimidad que solo es posible con extrañas que te escuchan y no te juzgan. Y eso es importante, no es una cuestión baladí. En un mundo donde estamos solas, luchando individualmente batallas que son colectivas y sociales, donde el capitalismo nos engulle como si fuéramos las presas de un dragón de hambre voraz, en un mundo hiperconectado donde no tenemos, muchas veces, ni siquiera alguien con quien tomar un café, con quien compartir una lectura –sí, cuando leemos, cuando leemos algo que nos gusta, que nos emociona, que nos rechifla, necesitamos hablar de ello, compartirlo–, un club de lectura es un espacio de resistencia. En el caso de La tribu, un club de lectura feminista, pero en nuestro país hay miles de clubes que se juntan en torno a mesas largas, a anaqueles de bibliotecas de barrios y distritos, a mesitas de mármol en bares, incluso en cocheras, un año entero nos reunimos en la cochera de la casa de una lectora en un club que monté en mi propio pueblo, con libros prestados, con dulces caseros, un club gratuito para mujeres del pueblo que era, para casi todas ellas, la única posibilidad de salir de sus casas y mantener una conversación más allá de las vicisitudes cotidianas. La soledad solo es gozosa si se desea y se busca. Un club de lectura no anula la posibilidad de leer en soledad, sino que la completa. Primero, lees el libro en tu casa, en el autobús o en el metro, en la pausa del café, en la cama con los ojos a punto de cerrarse, lees sola, como puedes, y más tarde, prestas tus ojos a las lectoras, compartes tu mirada, y te prestan otro par de decenas de ojos con los que ampliar tu capacidad de ver, tu punto de vista. ¿No sería bueno en estos tiempos que saliéramos de nuestras casas y de las pantallas de nuestros móviles y nos juntáramos con gente que lo único que tiene en común con nosotras es que ama leer?  

Cuando llegué a Madrid en 2016 y monté mi primer club de lectura, acababa de leer Mi vida en la carretera (Alpha Decay, 2016) de Gloria Steinem, aquel libro me removió muchísimo, tenía yo el anhelo entusiasta de reproducir, a mi manera, los círculos de discusión que Steinem armó por todo Estados Unidos en los años 70 en la parte de atrás de las pequeñas librerías independientes. Me conmovió su entrega, su dedicación, no importaba cuánta gente fuera, lo que contaba era ofrecer ese espacio para hablar. Allí ella se dio cuenta de que la gente descubría que no estaba loca ni sola en sus esfuerzos por mantener su identidad individual y, al mismo tiempo, encontrar una comunidad. Yo he encontrado esa comunidad en las lectoras de La tribu. Sin ellas estos últimos años de precariedad y crianza hubieran sido más difíciles y, sobre todo, mucho más solitarios. 

Cuando pensé en escribir esta pieza, quería contar las voces de las lectoras. Ellas son las que de verdad cuentan, pocas personas defenderán más apasionadamente la importancia y la necesidad de un club de lectura como sus lectoras. La potencia de los clubes de lectura reside en su colectividad.  

*

Isa: “Leer en un club es ensanchar la lectura, es diluir los bordes de lo privado. Se parte de un lugar distinto cuando la lectura va a ser compartida. Se lee con la expectación de la tertulia futura, con la intención de exponer impresiones, de ahondar en los propios juicios, porque la mejor manera de procesar nuestras ideas es confrontarlas. Y es que si de algo va un club de lectura es de compartir y cuando llega la tertulia, el libro no termina, se convierte en otra cosa y ya no es un libro, son 20 o 30 o 40, va creciendo y creciendo, se ahonda en sus temas, en sus referencias, en las asociaciones de ideas a las que llegan otras y ya no es un libro, sino un universo y te vas de una sesión con una lista de series, de cuadros, de películas, de podcasts y otros libros que conversan con ese libro y la conversación no termina nunca porque el mes que viene se inaugura otro universo”.

Ari: “Veo más que nunca los clubes de lectura como espacios de resistencia. De resistencia a la hiperproductividad, de resistencia a las lecturas hegemónicas que muchas veces se nos plantean desde las instituciones, de resistencia a la competitividad, a mantener nuestra atención en donde el algoritmo nos dice. Espacios para el goce y el disfrute, en los que compartir con las otras algo más que tiempo y lecturas. Espacios en los que se ponen sobre la mesa deseos, anhelos y muchas ganas de quemar cosas, porque como diría Irantzu Varela, poco quemamos. Solo mediante el diálogo colectivo se impulsan los cambios”.

Virginia: “Leer en un club de lectura es rendir homenaje a la palabra del otro. Es salir de la zona de confort de los gustos personales, es aceptar la multiplicidad de visiones, es comprender que mi yo vive en sociedad. Leer en un club de lectura es sentirse arropada en un espacio seguro donde tus ideas y percepciones son tan válidas como las del resto y se suman a la inteligencia de lo colectivo. Para mí es la democratización real del pensamiento”.

Jesús: “Los clubes de lectura me obligan a leer con atención, me fuerzan a verbalizar lo que pienso, me llevan a libros desconocidos, me abren a otras interpretaciones, conozco a gente con la que comparto algo que me importa y hacemos grupo, tribu; y me ha hecho consciente de que no hay libros para todos y que siempre hay alguien para un libro”.

Laura: “La lectura es necesariamente una actividad social (por mucho que el acto de leer se haga en soledad) la experiencia solo puede verse mejorada a través de compartir ideas al respecto. Así es como se aprende acerca de la literatura, a ser mejores lectoras o incluso escritoras, descubriendo mejor lo que se disfruta o se busca en el acto de leer. Esa socialización es algo que muchos clubs de lectura fomentan de forma accesible y natural. Además, los descubrimientos que se hacen a través de las lecturas seleccionadas por un club pueden servir para sacarnos de nuestra zona de confort y hasta como excusa para leer libros que tenemos pendientes desde hace años”.

Irene: “Un club de lectura (no sé si todos, pero el de Carmen sí) es como una tribu. Ya no es solo que lea con más atención, pensando qué compartiré con las compañeras, ni que luego, cuando las escucho, se arme un puzle del libro en mi cabeza –todo un mosaico–, sino sobre todo que me emociono escuchándolas, porque las lecturas siempre nos llevan a la vida, y la vida, a las lecturas. Lo más bonito es la conexión, cómo nos vamos conociendo a través de lo que compartimos, y esa sensación que se expande en el pecho al cerrar la ventanita del Zoom: el impulso, el chute de energía, las ganas inmensas de seguir”. 

Mónica: “Para mí el club de lectura es una red de apoyo compartida, es describirse y conocerse a una misma a través de los ojos, las reflexiones y las palabras de un grupo de mujeres que acaban convirtiéndose en amigas, en tribu. El club de lectura es el refugio que llevaba mucho tiempo buscando”.

Ana: “Me parece un error pensar en los clubs de lectura como un simple grupo de personas que se reúnen para hablar de un libro o para leer aquello que nos obligan a leer. Como si por pertenecer a un club de lectura perdieras tu voz y dependieras únicamente de los gustos de otros. Lo que me enriquece de un club de lectura es entender otras realidades, comprender, por ejemplo, por qué ese personaje que me parece incómodo puede resultarle tan cercano y atractivo a otras personas. Escuchar a una compañera mayor, o mucho más joven, emocionarse con un libro y descubrir lo diferente que resultan algunas lecturas en las distintas fases de la vida. La lectura es un placer tanto solitario como colectivo. Pero rodearte de personas que disfrutan tanto como tú de los libros, que te abren los ojos a nuevos mundos, a otras opiniones y que te acercan a nuevas perspectivas de las que poder enriquecerte, esa es la magia que surge de la experiencia colectiva de un club de lectura”.  

Matilde: “‘Lo que puede tener algún interés es dejar algo que tenga la suficiente densidad como para ayudarle a alguien a reflexionar’. Esta frase, leída esta mañana en Diarios. A ratos perdidos 3 y 4 de Rafael Chirbes, me sirve como argumento de defensa de los clubes de lectura porque, independientemente de que defiendo que cada uno lea como le plazca, creo que el comentario y el análisis compartido por varios lectores aporta nuevas ideas y enriquece esa reflexión que nos induce a una buena lectura. Ayuda, por tanto, a reflexionar y a ampliar nuestras miradas, añadiendo nuevos puntos de vista que, incluso, pueden contradecir los nuestros. Lo importante es leer y, si tengo con quienes comentar una lectura, más profundizaré en ella, más me hará reflexionar, más me enriquecerá. Y, por cierto, ¿desde cuándo un acto solitario e íntimo puede considerarse revolucionario si está alejado de un componente social?”.

*

Son las diez menos cuarto de la noche. El cielo se ha vuelto de un azul más oscuro y profundo, no es de noche todavía, pero la luna gibosa se vislumbra al otro lado del cristal. Me despido de las chicas, les lanzo besos con la mano, todas sonreímos con las mejillas arreboladas de la emoción por la discusión. Léxico familiar ha decepcionado a algunas lectoras y hemos mantenido una pequeña lucha encarnecida sobre Ginzburg. Les he leído otros fragmentos de sus libros, uno de A propósito de las mujeres, uno del relato “Verano”, de Las pequeñas virtudes, con la intención de reengancharlas, de que salieran con ganas de leerla más allá de la novela. “Adiós, adiós, hasta el mes que viene, feliz junio, queridas, besos, besos, besos a miles”. Cierro la sesión y me levanto con las piernas entumecidas y la boca seca después de casi tres horas de conversación. La energía eléctrica, las chispillas, me durarán todavía un par de horas, me costará dormirme, frenar el flujo de ideas, de pensamientos arremolinados como hojas secas por el viento, las frases de las lectoras, sus palabras, se quedarán conmigo algunos días más, quizá hasta el mes que viene cuando volvamos a juntarnos frente a la pantalla y charlemos sin parar sobre el siguiente libro. Con ellas, los libros no se acaban nunca, el amor tampoco. 

Son las siete menos cinco de la tarde, es un martes cualquiera –o un miércoles o un jueves–, al otro lado de la ventana, llueve, o puede que las nubes corran por el cielo como ovejillas por el prado al ritmo de la brisa primaveral, o un sol inclemente de verano atraviesa los cristales e ilumina con...

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autora >

Carmen G. de la Cueva

Periodista, escritora y editora. Ha publicado varios libros y fue directora de la editorial feminista La señora Dalloway.

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí