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surrealismo argentino

¿Qué esperar cuando se espera un nuevo Aira?

“Aira obliga a pensar cómo funciona el arte, todas las disciplinas artísticas, y también el mercado y la economía que se nutre o depende de esas producciones artísticas”

Albert Gómez 8/06/2024

<p>César Aira. / <strong>Fotografía cedida por la editorial Random House</strong></p>

César Aira. / Fotografía cedida por la editorial Random House

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Tardé unas tres semanas en reunir la información necesaria para escribir este artículo, por lo que tuve muchas posibilidades de compartir lo que estaba haciendo junto con amistades, practicando así distintas explicaciones de la prosa del escritor argentino César Aira (Coronel Pringles, 1949). Lo he estado comparando con el free jazz, el tatuaje y las composiciones de William Basinki, pero, en el fondo, creo que lo que mejor representa a Aira es La fuente, el urinario de porcelana obra del escultor francés Marcel Duchamp. Eso es porque, en el fondo, si toca poner etiquetas, Aira es un surrealista. Un surrealista argentino, pero surrealista, al fin y al cabo. Cuentan que cuando Cirlot padre viajó a Francia interpeló a André Bretón mediante un crucifijo de la chaqueta y gritando que aquello era el auténtico surrealismo; Aira interpela a Bretón en el más allá con una producción vastísima que, por tamaño, podría compararse a los autores de bolsilibro tales como Juan Gallardo Muñoz. Con la calidad de un pintor de vanguardia, por supuesto. El surrealismo en Estados Unidos ha engendrado nombres como Carlton Mellick III y géneros como el bizarro. En Argentina, el surrealismo ha engendrado a César Aira, que es un nuevo género en sí mismo. 

En el último libro publicado por Literatura Random House, En El Pensamiento, escrito en el año 2020, Aira juega con las memorias de la infancia. Es como si de repente se le hubiera ocurrido un nuevo secreto por revelar y hubiera encontrado una estructura nueva con la que divertirse a ratos, por capítulos, con las costuras bien visibles, porque es ahí donde ejecuta sus juegos de palabras (ya en los primeros capítulos hay perlas como “la luz cambió, sin dejar de ser la misma”). Ese nuevo secreto es la infancia en La Pampa (el interior del interior), en la que recuerda a su madre y padre, también especialmente a un preceptor que le asignaron.

“¿Qué era, al fin de cuentas, El Pensamiento? De todas las estaciones del ferrocarril francés que iba al puerto, era la que tenía el nombre más poético. El nombre, como un color más del cuadro. No más de veinte casas, que hacían dos arcos envolviendo a la estación, y frente a las casas dos calles curvas que se reunían en las puntas y se continuaban en el camino de tierra, de un lado el que iba a Pringles, del otro hacia el sur y el mar, siempre paralelo a las vías, de las que no podía apartarse mucho como si tuviera miedo a perderse”. Y añade: “Yo había estado ahí? Podían venir de los sueños, no me extrañaría porque ya otra vez me habían engañado. Pero éstas tenían un inconfundible color de realidad, y cuando al fin las reconocí pude entender por qué me habían resultado tan extrañas. Venían de lejos, de mi primera infancia en El Pensamiento. En realidad lo único extraño era que hubieran tardado tanto en llegar”.

¿Qué esperar cuando se espera?

Su poética de la ficción tiene una potencia creativa sin parangón a un lado y otro del Atlántico

Demos paso ahora a la opinión de los expertos. Para este artículo cuento con la opinión de Antonio Jiménez Morato, crítico literario, novelista y antólogo español y autor del epílogo de una traducción al hebreo de Aira; de Ana Gallego Cuiñas, catedrática de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Granada y editora del libro Aira, instrucciones de uso, en el que participan los máximos especialistas en la obra del escritor y que saldrá publicado por la editorial de la Universidad de Sevilla; y del escritor uruguayo Ramiro Sánchiz, uno de los nombres clave del género new weirden América del Sur, que también se ha convertido en uno de los principales responsables de la expansión en lengua española de las ideas aceleracionistas y de formatos de vanguardia como la teoría-ficción.

Cuando le pregunto a Sánchiz qué esperar cuando se espera un nuevo Aira me responde así: “Aira es para mí un proceso vacío; si lo leo pensando en la anulación del significado y el descascaramiento de todo lo que la literatura puede significar además de contar, pienso que cada libro suyo no es un libro más en su bibliografía sino uno menos”.

Esta es la opinión de Gallego Cuiñas: “Espero leer una de las mejores literaturas en lengua castellana. Su poética de la ficción tiene una potencia creativa sin parangón a un lado y otro del Atlántico, por su apuesta por un modo de producción textual y editorial siempre en expansión y en búsqueda de la experimentación con los géneros. Cuando lees a Aira esperas una historia escrita con un lenguaje literario muy rico, entreverada con una buena dosis de imaginación y ensayo, basada en imágenes sorprendentes que basculan entre el absurdo, la ironía, la crítica sociocultural y el humor. Cada nuevo Aira es eso: verdaderamente nuevo, porque con cada nueva publicación, de alguna u otra manera, se reinventa a sí mismo”.

La gran genialidad de Aira pasa por no haberse copiado nunca a sí mismo. Y eso en el caso de alguien que ha publicado más de 120 títulos es complicado

Finalmente, esta es la respuesta de Jiménez Morato: “Ariel Idez, en 2012, publicó una novela que tituló La última de César Aira. Muchos aplaudieron esta apuesta que, de modo explícito, entraba en el juego suscitado por los muchos epígonos, unos más decantados hacia la imitación, otros hacia el homenaje, que habían surgido en la estela del borbotón creativo de Aira. De algún modo podría afirmarse que esa novela de Idez, en el terreno indeterminado de la creación y la crítica literaria, venía a ser el libro que se espera de Aira. Cuando, después de una recepción bastante favorable de la propuesta de Idez, en algunos casos muy entusiasta, alguien, parece ser que el propio Idez, le preguntó al mismo Aira qué le parecía ese libro, Aira reconoció sus méritos, consideró que parecía una de sus novelas, pero ‘escrita en prosa’. Más allá de la boutade, esto enlaza con otro de los ritornellosconstantes en las declaraciones de Aira, que aparece también explicitado en algunos de sus textos, cuando dice que sus libros son así de breves porque él tiene siempre en mente poemarios y no tanto eso que corresponde a la idea que el lector común tiene de una novela. La gran genialidad de Aira pasa por no haberse copiado nunca a sí mismo. Y eso en el caso de alguien que ha publicado más de 120 títulos es complicado. Los imitadores, o los discípulos, si se trata de verlo con optimismo, sí tienen eso siempre en mente, por eso les sale prosa. Pero él parece discurrir por caminos más elevados”.

Los últimos diez años

Todo lo que quería explicar del urinario y los surrealistas lo cuenta mejor Jiménez Morato: “De 2014 hasta hoy Aira ha publicado casi cuarenta títulos. Es complicado perfilar con tres brochazos una producción tan ingente, pero sí, por destacar un aspecto que me parece determinante, cómo subraya mediante los procesos de puesta en circulación de sus textos más cercanos su herencia de los procedimientos del arte contemporáneo. Lo explico un poco para que quien no conozca bien la obra de Aira: en esta última década ha consolidado un puñado de editoriales como vehículos para lanzar sus libros al mercado editorial más convencional, desde las publicaciones en grandes grupos como novedades que aparecen en Literatura Random House, las nuevas ediciones que recuperan textos más antiguos, que vienen de la mano tanto de la misma Penguin como de Emecé en Argentina, junto a los libros que entrega a editoriales independientes argentinas de referencia como Blatt & Ríos, Mansalva y con menor frecuencia pero idéntica constancia en Iván Rosado, así como las reediciones de los libros publicados en Beatriz Viterbo. Y luego toda una serie de títulos que circulan en ediciones muy limitadas o mediante editoriales casi artesanales que responden a criterios que solemos relacionar más a las tiradas numeradas que se desarrollan en los circuitos del arte contemporáneo. Hablo de las ediciones en las que ha contado con Urania, Kalos, Vox/ Lux o incluso libros de descarga gratuita como el que pusieron en circulación en Bulk editores, que contó también con una edición física cercana al formato de fanzine, grapada. El modo en que Aira pone en circulación sus textos no puede ser dejado de lado como algo secundario sin más. Y ese aspecto se ha hecho más patente si cabe en la última década”.

La poética de Aira es centrífuga, se apropia de todos los géneros literarios 

Ana Gallego Cuiñas prefiere hablar de expansión a evolución: “La poética de Aira es centrífuga, se apropia de todos los géneros literarios (el fantástico, la ciencia ficción, el gótico, el policial, el histórico, etc.) para someterlos a lo que podríamos llamar el ‘procedimiento Aira’: exasperarlos, parodiarlos, desplazarlos y deconstruirlos. El resultado son esas novelitas ‘raras’ que parecen muy legibles pero que tienen algo –un personaje, una situación, un diálogo– que se nos resiste, que no se dice ni se explica”.

Esto añade la catedrática cuando le pregunto por el centro secreto de la obra de Aira: “Hacer una literatura de auténtica vanguardia en el siglo XXI sobre la base del sabotaje de los géneros, subgéneros y temas de la literatura. En ese ejercicio de apropiación y desplazamiento surge algo ‘nuevo’, como sucedía en las vanguardias históricas. Una novedad que niega el género/subgénero o tema y que en ese gesto de negación lo pone en valor. Una poética en extremo presente, recursiva y contingente, que muestra el mundo literario por dentro como acto de resistencia de un escritor latinoamericano, que es todos los escritores y ninguno a la vez, frente al mercado global”.

Posicionamiento político

Los “grandes” escritores, los que mueven millones con su literatura, de algún modo se han venido posicionando con sus pactos editoriales. Creo que el ejemplo más visible es cuando Stephen King decidió escribir un cuento solo para la plataforma Amazon Kindle, el relato Ur, que no solo fantaseaba con las posibilidades malvadas de un e-book como en otras historias suyas de tecnología malévola como El procesador de palabras de los dioses (en Historias fantásticas), también validaba la plataforma con el prestigio de un autor capaz de catapultar las ventas de cualquiera con un tuit (como ha sucedido hace bien poco con la película española La mesita del comedor). Entonces, cuando hablamos de Aira que publica en decenas de editoriales, ¿qué podemos deducir?

Esto apunta Sánchiz: “Sea cual sea, es lo que más admiro de Aira: su vocación de que se lo publique en todas partes y en todos los formatos, como si se apoyara en el sistema editorial y sus nichos emergentes para convertirse en un contagio, una mancha de tinta que acaso lo abarcará todo. O, mejor dicho, nunca lo abarcará todo salvo como ausencia”.

Gallego Cuiñas señala lo siguiente sobre las políticas de edición de Aira: “El suyo es un posicionamiento de puesta en jaque del mercado editorial neoliberal, a pesar de tu sobreexposición y saturación editorial. En esta paradoja está su gran valor: el sistema solo se puede dinamitar desde dentro. Por un lado, hay que reparar en que el escritor Aira está (casi) borrado de la arena pública, mientras sus centenares de libros editados “a la japonesa”, es decir, como si la superproducción fuese una forma de presionar o boicotear a la industria editorial saturándola, ocupan todo tipo de sellos: pequeños, medianos y grandes. Esto ha provocado un efecto de coleccionismo mitómano –‘¿cuántos Airas tienes?’ es una pregunta recurrente entre sus lectores– que encarece determinados relatos y rechaza la demanda museificante de la obra completa, cerrada, última. Por otro lado, el fetiche Aira, su imagen y sus historias, también se (re)producen en una miríada de otros textos –de autores argentinos, latinoamericanos y españoles– como si se tratase del mismísimo Aleph de todas las economías de la literatura. Un Aira ausente y fuera de sí, simultáneo y expandido, actuando a la manera de la cultura literaria de nuestro tiempo”.

Finalmente, Jiménez Morato tiene unas palabras sobre las mencionadas políticas: “Lo que he comentado antes del modo en que distribuye sus manuscritos y controla los modos en que circulan es ya un gesto político muy relevante. Pero que, además, en el inventario o catálogo de su producción (otra inteligente lectura la de Strafacce / Garamona al presentar un libro sobre la obra de Aira como un catálogo razonado propio del mundo del arte) se haga evidente que no ha establecido necesariamente jerarquías a la hora de entregar sus libros a grandes grupos editoriales o pequeñas editoriales independientes, y en algunos casos artesanales, cuando no regalar directamente su trabajo, creo que debe ser atendido. Aira obliga a pensar cómo funciona el arte, todas las disciplinas artísticas, y también el mercado y la economía que se nutre o depende de esas producciones artísticas. Y, en eso es un caso casi único en el mundo, tanto por la cantidad de ejemplos como por lo sostenido de esas elecciones. Aira, como tantos otros artistas contemporáneos, introduce todas estas cuestiones económicas y mercantiles en su obra. Es mucho más sofisticado en ese aspecto que la práctica totalidad de los escritores actuales”.

Tardé unas tres semanas en reunir la información necesaria para escribir este artículo, por lo que tuve muchas posibilidades de compartir lo que estaba haciendo junto con amistades, practicando así distintas explicaciones de la prosa del escritor argentino César Aira (Coronel Pringles, 1949). Lo he estado...

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Autor >

Albert Gómez

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