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Añoranza activa

15M: actualidad de un ‘fantasma’

Trece años después, ninguno de los anhelos de este movimiento se ha materializado y la izquierda está en descomposición. Una salida posible es retomar las preguntas, volver a los problemas, reformular las promesas incumplidas

Amador Fernández-Savater / Ernesto García López 14/05/2024

<p><em>Contra, desde, hacia, para...</em> / <strong>Acacio Puig</strong></p>

Contra, desde, hacia, para... / Acacio Puig

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En cada cosa hay un fantasma oculto
Nuestro trabajo, ¿no es un exorcismo,
una respuesta al desafío oscuro?
Enrique Lihn (Kafka)

Sería demasiado fácil, ahora que se vuelven a levantar por todas partes acampadas de protesta, ya sea contra el genocidio en Gaza o contra el ecocidio en las islas Canarias, señalar ahí la herencia actual del movimiento de las plazas de 2011 o del 15M en particular; afirmar la continuidad de un impulso de movimiento a partir de la persistencia de una práctica, de una técnica, de una serie de gestos.

Sin desestimarla, nosotros preferimos ahora pensar la actualidad del 15M como la insistencia de una serie de preguntas, de problemas no resueltos, de posibilidades históricas incumplidas. En definitiva, como la presencia de una ausencia: el 15M como espectro, como fantasma.

Hauntología

La “hauntología” (ciencia de lo fantasmagórico) fue un término acuñado por el filósofo Jacques Derrida para referirse a la misteriosa continuidad espectral de la obra de Marx tras la caída del Muro de Berlín. Algo que se da por muerto sigue, sin embargo, acechando el presente con incómodas preguntas. Sus enemigos sienten sudores fríos aparentemente ya sin motivo (“comunismo o libertad”), mientras sus simpatizantes se esfuerzan en convocar al fantasma de vuelta.

Antes de Derrida, otros pensadores en la órbita de la Escuela de Frankfurt, como los alemanes Walter Benjamin o Herbert Marcuse, señalaban que todo presente político está asediado siempre por fantasmas del pasado que lo acechan e incomodan, sin dejarle dormir en paz los sueños de un “final de la Historia”. Son los fantasmas de todas las potencialidades de cambio que en la historia han sido, derrotadas y refrenadas –muchas veces a sangre y fuego– pero no por ello desaparecidas.

En el siglo XXI, ha sido el pensador británico Mark Fisher –ya fallecido– quien más ha insistido en convocar a los espectros contra los presentes que se cierran sobre sí mismos de modo autocomplaciente: los fantasmas de todo lo que pudo ser y no fue, de los fracasos revolucionarios y sus promesas incumplidas, de esa memoria herida que trae una y otra vez recuerdos de otra vida posible, por fuera de esa que nos propone el mercado.

Si la melancolía según nos enseña Freud nos fija a algo que fue y ya no es, congelándonos en la repetición de un pasado falsificado e idealizado, la nostalgia por el contrario es la añoranza activa de un posible, de una experiencia vivida que trata de regresar y reactivarse en el presente. Como la nostalgia por la infancia, por un amor, por una aventura del pasado. No nos convoca a repetir, sino a traducir, recrear, reinventar.

La figura del fantasma nos habla de una latencia subterránea, invisible y difícil de percibir pero efectiva. La latencia de una serie de preguntas, problemas y desafíos pendientes. Esa latencia nos conduce, no al lamento quejoso por lo que hubo y ya no hay (el Partido, la Organización, la Clase Obrera), sino a la exigencia de detectar y encender las brasas de la historia, para reabrir de nuevo el presente hacia un futuro desconocido.

Los cinco mensajes del fantasma

¿De qué nos puede servir convocar e interrogar hoy al fantasma del 15M? Puede sugerirnos vías de salida posibles a algunas trampas políticas en las que estamos encerrados. Sugerencias, no recetas. El fantasma siempre habla de forma encriptada y nos exige un esfuerzo activo de interpretación, de recreación, de traducción.

En concreto, pensamos en cinco trampas políticas que asfixian hoy lo posible, cinco “alternativas infernales” en palabras de Isabelle Stengers, cinco binarismos o dicotomías fatales que estrangulan la acción y la imaginación, la subversión del presente.

En primer lugar, la trampa de las identidades solipsistas. En las identidades se coagula la sangre por donde manan las heridas de nuestra modernidad, el problema con ellas no es otro que esa coagulación. ¿Qué significa esto?

El fantasma del 15M nos trae imágenes de una lógica compositiva y transversal, dirigida no tanto a jerarquizar o borrar las heridas, como a buscar mecanismos de encuentro

La “herida del poder colonial” da como resultado una respuesta antirracista, indígena y decolonial que pugna por existir frente al olvido y la violencia. La “herida heteropatriarcal” engendra una potencia feminista/queer dispuesta a recategorizar lo vivo y las formas de vida. La “herida de clase” sigue ofreciendo a los cuerpos un canal fértil para experimentar disposiciones anticapitalistas. La “herida ecológica” incuba un nuevo imaginario capaz de empujar nuestra conciencia más allá del antropoceno.

Estas heridas manan sangre de manera inevitable y necesaria, un flujo dinámico de respuestas e imaginarios frente a la pedagogía de la crueldad. El problema es que la sangre se coagule en forma de trinchera y dogma, imposibilitando el encuentro con el otro, jerarquizando los daños, frenando la configuración de un flujo común de rechazo y transformación. En ese caso las identidades se vuelven solipsistas, jaulas del pensamiento y la acción, identidades identitarias.

El fantasma del 15M nos trae imágenes de una lógica compositiva y transversal, dirigida no tanto a jerarquizar o borrar las heridas, como a buscar mecanismos de encuentro, presencia común y alianza estratégica entre ellas; nos devuelve la interrogación por la composición entre diferencias, por la alianza entre extraños, como la única posibilidad de que algo se mueva, de que el suelo del poder tiemble.

En segundo lugar, la trampa del Estado-nación como único modo de tejer la convivencia entre territorios. Nacionalismo español versus nacionalismo catalán, pero ambos con los mismos problemas de esencialización de la identidad, de ocultación de las desigualdades, de centralización y expulsión de la diferencia.

En paralelo a esta, otra brecha territorial se ha abierto durante los últimos años. La hipertrofia de las metrópolis frente a la España Vaciada. Lo urbano frente a lo rural, con las tractoradas de agricultores ocupando las grandes ciudades como resultado del hartazgo, del malestar y el abandono secular al que han estado sometidos ciertos territorios y mundos desde la década de los sesenta.

El fantasma del 15M nos trae imágenes distintas para pensar todo esto. Fulguraciones y vislumbres de otros posibles. La solidaridad entre las plazas, por ejemplo. La activación de la protesta en Madrid cuando la acampada de Barcelona fue desalojada brutalmente (“¡Barcelona, no estás sola!”). Las decenas de ciudades y pueblos de todos los tamaños conectados a una misma inteligencia colectiva, desde Granada a León pasando por Cáceres, Murcia, Valencia, Cádiz, Sevilla, Zaragoza. Los lazos de cooperación y solidaridad interterritorial para articular movimientos como el de vivienda (la PAH, Stop Desahucios), las Mareas Ciudadanas, las Marchas de la Dignidad, con sus diferentes columnas procedentes de las distintas geografías del país.

Estas otras imágenes nos hablan de una articulación diferente de lo territorial. Otra forma de reconstruir los lazos sin negar las adscripciones locales, las historicidades culturales y lingüísticas, políticas y geográficas, ni las legítimas demandas de independencia y autonomía, sino buscando, frente a un neoliberalismo feroz que jerarquiza territorios e instala fronteras a su conveniencia, un frente de auxilio mutuo, una lógica compositiva de emancipación, una concepción emancipadora de la inter-dependencia a la que el mundo actual nos convoca.

En tercer lugar, la trampa de la alternativa entre lo público y lo común. Según los modos progresistas de pensar más convencionales, la defensa de lo público agota todas las posibilidades de la acción política, así la opción de lo común se ve con desconfianza: “cómplice del neoliberalismo”, etc.

Se puede tener el Estado y no disponer del poder. Se puede controlar el BOE y no necesariamente cambiar de manera radical la vida de la gente

¿Cuántas veces hemos escuchado desde 2015 que el objetivo era tomar el Estado porque ahí se juega la verdadera batalla del poder? ¿Cuántas veces se nos ha dicho que controlando el Estado se podía cambiar, de manera profunda, la vida de la gente?

La realidad durante estos años, sin embargo, nos ha devuelto una imagen más compleja. Se puede tener el Estado y no disponer del poder. Se puede controlar el BOE y no necesariamente cambiar de manera radical la vida de la gente. Se puede estar en el gobierno y no ser capaz de embridar el empuje de las élites que buscan condicionar buena parte de la vida social, económica y cultural del país.

El espectro del 15M nos habla de una posibilidad de hibridación (tensa, compleja, no garantizada) entre lo público y lo común. Si recordamos aquellos años de política callejera encontraremos que se buscó conectar, poner en sintonía, las luchas por la defensa de lo público (ahí estaban las Mareas para demostrarlo) junto a la producción de nuevos comunes por fuera de las lógicas burocrático-representativas (huertos urbanos, cooperativas integrales, okupaciones, centros sociales, asambleas barriales, etc.).

También es posible defender lo público desde lo común, defender lo público reinventándolo, radicalizándolo y profundizándolo, abriéndolo a más capas de participación de los usuarios, a experimentos de gestión ciudadana, de una vida política más allá de los partidos y los políticos profesionales. Es la promesa que aupó a tantas candidaturas municipalistas al poder, una promesa que no se pudo mantener y que precipitó después su caída.

En cuarto lugar, la trampa de la alternativa entre masividad y radicalidad. Por un lado, los pequeños grupos en los que se encarna la diferencia cualitativa, la promesa de una vida distinta, el ejemplo práctico de otro hacer. Por otro lado, los movimientos de masas, capaces sólo de demandar cambios cuantitativos, en una lógica de delegación y representación.

El fantasma del 15M nos trae nuevamente otros recuerdos. La gente común se volvía un poco “anarquista”, tomando iniciativas en nombre propio, encontrándose con otros para hacer, poniéndose en marcha. A la vez, los “anarquistas” salían de sus guetos homogéneos y autocomplacientes, para dialogar con sus vecinos y vecinas en pie de igualdad, sin lecciones que dar sino en un aprendizaje recíproco.

Las consignas más radicales, aquellas que tocan el corazón de nuestro sistema político (“lo llaman democracia y no lo es”, “no nos representan”), eran coreadas por miles en las calles y sostenidas por millones en las encuestas. Se cortocircuitó así la falsa alternativa entre verdades radicales de pequeños grupos y conformismo de masas.

El clima 15M atravesaba incluso, con sus afectos alegres de iniciativa y cooperación, el mismo espacio comunicativo, las redes sociales y los medios mainstream. Hoy esto parece imposible, las redes sociales se han vuelto pasto de las pasiones tristes de la acusación y el resentimiento hacia el otro, pero el 15M muestra que una atmósfera afectiva puede cambiar y torcer el destino de los instrumentos más banales y cotidianos.

Los medios mainstream hablaban del 15M y esto, lejos de integrarlo o recuperarlo, lo propagaba, lo expandía, lo extendía. No existía tanto el miedo a ser “manipulados”, como la confianza en la propia fuerza de contagio. Es posible que la comunicación extienda las resonancias de un movimiento, cuando esta se impregna de territorios y prácticas, de cuerpos y mundos de vida. Hoy, sin embargo, la comunicación política es lo que es porque está sostenida sobre nada.

Por último, la trampa de la alternativa entre utopía y normalidad. Entre enclaves utópicos altamente autorreferenciales y normalidad masiva que sólo reclama “una vida sin problemas”.

Como nos enseñan los mayores teóricos de la utopía del siglo XX, como Ernst Bloch o Herbert Marcuse, el impulso utópico no es una especulación o un ideal de pureza inalcanzable, sino un pasaje, un umbral, una tensión entre lo que hay y lo que podría haber, entre lo que es y lo que podría ser, entre la normalidad y el otro mundo posible.

El hogar de la utopía es siempre “aquí-ahora”, pero al mismo tiempo “todavía no”. La utopía es potencialidad: está inscrita y arraigada en el presente inmediato, pero al mismo tiempo apunta y se proyecta “más allá”. Su crecimiento y expansión requiere tiempo y la negación-superación de lo que existe, en el sentido de que lo que hay ahoga y asfixia el embrión de lo por venir.

Durante los meses y años en los que el clima 15M estuvo vivo, una tensión fecunda se estableció entre lo que hay y lo que puede haber. Ni la gente en las calles reivindicaba simplemente “más de lo mismo”, ni se construían “mundos alternativos” sin pie ninguno en la realidad, sino que lo extraordinario se hizo mundo común y al revés. En la normalidad habitaban los potenciales de una realidad otra, sin perder nunca de vista el mundo presente y compartido.

Materializar el fantasma

Las respuestas que trataron de dar curso a lo que propuso el 15M pudieron ser fallidas: desde el municipalismo hasta Podemos, pasando por el regreso a un autonomismo identitario. Pero lo fallido de las respuestas no invalida en ningún caso la pertinencia de las preguntas.

¿Cómo tejer lo común entre las diferencias? ¿Cómo radicalizar lo público, abriéndolo a la participación de cualquiera? ¿Cómo salir de los imaginarios centralizadores a la hora de componer territorios? ¿De qué modo romper la alternativa entre masividad y radicalidad? ¿Cómo arraigar el impulso utópico en lo cotidiano?

Los problemas que no se responden acaban pudriéndose. El campo de la transformación social (lo que por comodidad llamamos “izquierda”) vive hoy en una descomposición acelerada. El presente parece desesperado y sin salida: sostener una izquierda paliativa por arriba o regresar a las identidades cerradas por abajo.

Una salida posible supone retomar las preguntas, volver a los problemas, reformular las promesas incumplidas. Una acción política de cualquiera y para cualquiera, capaz de tejer en la diferencia y alojar lo extraño como fuerza y no como debilidad. Desde nuevos lugares, a partir de otros objetos, mediante otras prácticas.

Ninguno de los anhelos del 15M –democracia real, igualdad efectiva, vida vivible– se ha materializado. Aún es preciso materializar al fantasma.

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Amador Fernández-Savater ha publicado recientemente Capitalismo libidinal; antropología neoliberal, políticas del deseo, derechización del malestar.

Ernesto García López es antropólogo y escritor. Autor de Hospital del aire (Candaya, 2022). Ha colaborado con diferentes medios de comunicación y revistas literarias. Destacan sus investigaciones sobre la construcción social del activismo en Madrid durante el ciclo 15M. Se pueden seguir sus actividades en ernestogarcialopez.blogspot.com

En cada cosa hay un fantasma oculto
Nuestro trabajo, ¿no es un exorcismo,
una respuesta al desafío oscuro?
Enrique Lihn (Kafka)

Sería demasiado fácil, ahora que se vuelven a levantar por todas partes acampadas de protesta, ya sea contra...

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Autor >

Amador Fernández-Savater

Es investigador independiente, activista, editor, 'filósofo pirata'. Ha publicado recientemente 'Habitar y gobernar; inspiraciones para una nueva concepción política' (Ned ediciones, 2020) y 'La fuerza de los débiles; ensayo sobre la eficacia política' (Akal, 2021). Su último libro es ‘Capitalismo libidinal; antropología neoliberal, políticas del deseo, derechización del malestar’ Sus diferentes actividades y publicaciones pueden seguirse en www.filosofiapirata.net.

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/ Ernesto García López

Es antropólogo y escritor. Ha publicado recientemente Hospital del aire (Candaya, 2022). Ha colaborado con diferentes medios de comunicación y revistas literarias. Destacan sus investigaciones sobre la construcción social del activismo en Madrid durante el ciclo 15M. Se pueden seguir sus actividades en http://ernestogarcialopez.blogspot.com/

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7 comentario(s)

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  1. Fernando

    Si, hay problemas centenarios aún por resolver y otros que surgen por las coyunturas que nos hacen transitar, así que es mejor dejarnos de fantasmas -que tanto gustan en Hollywood- y ceñirnos a la realidad. Hace un año, sesudos artículos celebraban deshacerse de una parte de la izquierda y vaticinaban un horizonte en común adornado con sonrisas y colegueo, pero hoy ese horizonte ya está roto. Los ministerios de Interior, Defensa y Justicia parecen regirse fuera de los cauces democráticos (R78). El acoso a los activistas aquí y en toda la UE, es decir, a quienes señalan los problemas de género, raza, laborales, vivienda, medio ambiente, pacifistas,DDHH, etcétera, es cuando asaltan la dudas: en realidad ¿estamos viviendo en una democracia?. Si, es necesaria convocar a la inteligencia colectiva, pero sin exclusiones.

    Hace 1 mes 3 días

  2. juan-ab

    He tratado de leer con atención la nueva propuesta de Amador y Ernesto, pero pronto me he dispersado entre tanto fantasma. Menos mal que al final estaba el impecable y explícito comentario de "ecac", un postre que me ha compensado el trago anterior. De la filosofía a la caza de fantasmas. ¡Lo que hay que ver!

    Hace 1 mes 4 días

  3. ecac

    Tanto monta PP cómo monta tanto PSOE.-CONSTITUCIONES EXPRÉS PPPSOE.COM.ES Versiones: 1.00.-CASOS-OPERETAS TRAGICÓMICAS FERRAZ 170.-GÉNOVA 13: Acosos y derribos: *IZQUIERDA+UNIDA+PODEMOS* y *SUMAR" 1.01.-CASO PP.-MANGLANO. 1.02.-CASO PSOE.-PEGASUS. 1.03.-CASO BORBONES.-JUAN CARLOS I..-FELIPE VI. TIEMPOS DEMORÁTICOS IRREALES TRAS EL TRASPASO DE PODERES DESDE EL PARDO HASTA SU TRUEQUE-CAMBALACHE EN LA ZARZUELA.-FERRAZ 170.-GÉNOVA 13: "TODO ATADO-AMAMANTADO-ANEXIAONADO Y BIEN ATADAS-AMORALIDADES-APROVECHADAS, POR JUAN CARLOS I.-FELIPE VI.-Reyezuelos políticos: ARLEQUINES.-PP+VOX=F.A.E.S; BUFONES.-PSOE. Regímenes 1936-1978.

    Hace 1 mes 4 días

  4. marcoantonio-mira

    Señor Amador, ¿no deberíamos recordar que la lucha de clases es el motor de la historia?. Claro que habría que hacerse muchas preguntas aunque para ello es necesario no insistir en las preguntas retóricas que ya estaban contestadas desde el inicio del mencionado movimiento (15M). No es necesario inventar la pólvora pero sí lo es profundizar en la dialéctica que debería aportarnos mucha más claridad en la toma de decisiones y la definición de quienes son hoy las clases que sufren, o sea, la mayoría de la humanidad, y las clases pudientes (los psicóticos elementos que nos explotan a la mayoría). De momento el juego de poderes sigue siendo casi el mismo que hace doscientos años. aunque existan países donde siguen intentando el cambio desde unos Estados más intervencionistas y al menos, en teoría, mas comprometidos contra el capitalismo, al que aceptan, como todos los dirigentes de todos los países de nuestro planeta (el único "habitable" que sepamos), como paradigma inevitable. Lo que tenemos que hacer para librarnos de esta maldición es asunto importante, cada vez más porque la degradación de nuestro medio ambiente debido a esa explotación, amenaza con suprimirnos a todos los humanos de la ecuación.

    Hace 1 mes 4 días

  5. José Lázaro

    Me pregunto si la utopía es realmente potencialidad o tan solo la idea de una potencialidad de facto inalcanzable. Y me lo pregunto porque me cuestiono si es apropiado usar el adjetivo "fallido" para aquellos proyectos que no han conseguido llevarnos hasta esa utopía "imposible". O si por contra, debiéramos evaluar si nos han acercado o alejado de la misma. En esa línea, platicaba hoy con un mexicano que vive en Colombia sobre Gustavo Petro y su impulso constituyente, en un país todavía fuertemente militarizado. Lo comparábamos, necesariamente, a las decisiones tomadas por los gobiernos progresistas en España y México los últimos cinco años. Ambos celebrábamos lo mucho conseguido, amén de que lo juzgáramos insuficiente; pero veíamos intacta la potencialidad al haberse renovado los mandatos (más claro en el caso mexicano que español por aquello de la correlación de fuerzas). Es verdad que el 15M es un atractivo fantasma al que interpelar; pero esas cinco cuestiones llevan sobre la mesa más de cien años...

    Hace 1 mes 5 días

  6. javierzomeo

    Un movimiento semejante sería lo único que podría cambiar la dinámica cultural y política actual. Sin embargo, la situación de crisis económica del momento actuó como acicate a esa generación. ¿Las precariedades actuales de la vida son combustible suficiente para llamar a la acción de suficientes personas? No lo sabemos. Siempre estamos en el filo de que una reunión de vecinos se convierta en algo mas.. Como escribes la mayoría de las potencialidades quedaron sin su cumplimiento y todas ellas nacieron de una interacción común poco ideologizada. De lo cual deduzco que son aspiraciones "reales" de la sociedad y por tanto que pueden renacer en cualquier momento...

    Hace 1 mes 5 días

  7. carlos3

    Tal vez todo aquel movimiento se desactivase cuando caímos en lo de siempre: unos cuantos que consideraban aquellos deseos como una oportunidad para instalarse, dando por supuesto que quienes los habíamos alzado nos dábamos por contentos con un relato instalado en ese BOE del que habláis o en los órganos de poder institucional. Quizá el problema estuvo en no habernos manifestdo dentro tal como lo hacíamos hacia fuera, para que nadie incautase nuestro criterio. Eso, por supuesto, significa que muchas de nuestras aspiraciones se vieron frustradas, por lo que continúan vivas.

    Hace 1 mes 5 días

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