1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

  280. Número 280 · Enero 2022

  281. Número 281 · Febrero 2022

  282. Número 282 · Marzo 2022

  283. Número 283 · Abril 2022

  284. Número 284 · Mayo 2022

  285. Número 285 · Junio 2022

  286. Número 286 · Julio 2022

  287. Número 287 · Agosto 2022

  288. Número 288 · Septiembre 2022

  289. Número 289 · Octubre 2022

  290. Número 290 · Noviembre 2022

  291. Número 291 · Diciembre 2022

  292. Número 292 · Enero 2023

  293. Número 293 · Febrero 2023

  294. Número 294 · Marzo 2023

  295. Número 295 · Abril 2023

  296. Número 296 · Mayo 2023

  297. Número 297 · Junio 2023

  298. Número 298 · Julio 2023

  299. Número 299 · Agosto 2023

  300. Número 300 · Septiembre 2023

  301. Número 301 · Octubre 2023

  302. Número 302 · Noviembre 2023

  303. Número 303 · Diciembre 2023

  304. Número 304 · Enero 2024

  305. Número 305 · Febrero 2024

  306. Número 306 · Marzo 2024

  307. Número 307 · Abril 2024

  308. Número 308 · Mayo 2024

  309. Número 309 · Junio 2024

  310. Número 310 · Julio 2024

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

Dominación

Caerán como lentos pañuelos de seda

Sobre la construcción del ego corporativo

Mario Amadas 19/12/2023

<p>Un grupo juega a consigue la bandera durante una actividad de <em>team building</em>. <strong>/ Acebo</strong></p>

Un grupo juega a consigue la bandera durante una actividad de team building/ Acebo

En CTXT podemos mantener nuestra radical independencia gracias a que las suscripciones suponen el 70% de los ingresos. No aceptamos “noticias” patrocinadas y apenas tenemos publicidad. Si puedes apoyarnos desde 3 euros mensuales, suscribete aquí

Què fem? On anem? D'on venim? 

Però aquí hi ha una caixa de llapis de colors. 

Joan Brossa

Para distraer a los empleados, a muchas empresas se les ocurre la idea de proponer actividades después del trabajo. A esta delirante sandez se la conoce como afterwork o, peor, team building. También podemos ser un poco más precisos, si queremos, y decir que los afterwork son, de hecho, team building. Ya el léxico nos ayuda a entender hacia qué grado de absurdo y ridículo vamos a llegar en los siguientes párrafos, porque, aparte de reputados anglicismos, hay varios aspectos preocupantes en todo esto. 

La empresa nos ha invitado a montarnos en autos de choque este fin de semana. Gracias –suena realmente muy divertido– pero tenemos una vida fuera del trabajo, una que queremos vivir y sabemos cómo, y no necesitamos que la empresa planifique (también) nuestro ocio. Suficiente invade nuestra vida con las largas cuarenta horas semanales como para que, además, añada actividades supuestamente vinculantes para que la queramos más y nos sintamos agradecidos a la jefatura. Queremos ese tiempo para nosotros y para nadie más y no hay nada de malo ni desleal –esta es la palabra que buscan– en ello.

El mensaje es que la horizontalidad en el trato la reservaremos sólo para la salida de fin de semana y en el trabajo seguiremos con el abuso y la coerción

Pero, ¿qué es, realmente, un afterwork? La empresa propone una actividad fuera de horas de trabajo para que la gente se apunte, si quiere, aunque siempre se oyen las voces de los que se apuntan por miedo a no apuntarse. Suelen ser actividades como lanzar hachas (?) o jugar a bolos o, si hace bueno y vivís cerca de la playa, hacer paddle surf. Bien. Nos explican que el motivo de esto es crear un vínculo entre compañeros y compañeras. Que estas actividades se hacen (o realizan, como suelen decir) para que nos veamos en otros contextos sin presiones ni jerarquías y nos podamos relacionar de otra manera. En una palabra: para crear equipo. Lo cual ya es grave, porque el mensaje implícito es que la naturalidad y la horizontalidad en el trato la reservaremos sólo para la excepcional salida de fin de semana y en el trabajo seguiremos con el abuso verbal, la jerarquía, la coerción. Y además el evento en sí es falso, porque poner fecha y lugar a la diversión es tan forzado, tan artificial, que es como decir: venga, chicos, atención, que el sábado nos divertiremos de 10 a 12, ¿de acuerdo? ¡Sed puntuales! Pero, sobre todo, el motivo real e inconfeso de estas peregrinaciones a festilandia es crear una imagen. 

Porque se hacen fotos de estos eventos, de estas emocionantes salidas de fin de semana, para poder publicitarlas en la página corporativa y así crear una imagen de compañerismo y complicidad. ¡Mirad qué felices somos jugando a dardos (sin que ninguno de nosotros tenga la más mínima idea de jugar a dardos)! Y la responsabilidad de esa felicidad cohesionadora se la atribuimos a la empresa, a poco que nos distraigamos, y esto no se da así por casualidad, porque la imagen, aunque totalmente falsa, da rédito moral a la empresa, la recubre de una pátina de humanidad a la vez que oculta la nervadura de injusticias que la define. A todos nos gusta eso.

La empresa tiene que proclamar su existencia, necesita extenderse a todos los ámbitos de la vida del trabajador para garantizar su inmortalidad

Pero ¿es esa la manera de ganarse a la gente? El dinero invertido en todas estas salidas de fin de semana, ¿no se podría reservar para un aumento salarial? El caso es que la empresa tiene que proclamar su existencia, confirmar que es, y, totalitaria, necesita extenderse a todos los ámbitos de la vida del trabajador para garantizar su inmortalidad, para que domine también la mente libre del empleado, no sólo la que domina por contrato. Y la empresa tiene que hacer fotos de los eventos para dejar constancia y dar ejemplo de generosidad e inclusión.

No celebres si no se va a saber que celebras. Que sirva.

Fomentar esa imagen es un ejercicio de blanqueamiento, una maniobra de distracción. Así se van multiplicando las ocasiones en que la empresa te invita a un vermutillo y tú crees que qué bien y qué majetes cuando en realidad son ellos los que controlan la palabra ‘majete’ con la misma autoridad con que la usaba Celtas Cortos: tranquilo, majete, en tu sillón. No vayas a creer que podrás cambiar algo.

El control que ejercen sobre nuestro ocio es el control de nuestro tiempo libre y por tanto la dominación final de nuestra vida

Por eso se hacen fotos de estos eventos celebrados para unir –fuera del trabajo y por tanto donde no cuenta– lo que por definición está separado (esas jerarquías sofocantes y absurdas). Hay que proyectar una imagen para que esa imagen arraigue y distraiga de las prácticas represoras, antidemocráticas, que definen el impulso empresarial. Y es tanto el poder de la imagen, tanta su capacidad de convicción, que arraiga y nos la creemos y, en ese sentido, somos cómplices. Y nos la creemos porque todos queremos creer que formamos parte de un conjunto amable que nos paga bien y vela por nuestros intereses, por nuestro ocio. Pero eso no es cierto: nuestra palabra no vale lo mismo que la de quienes deciden o sugieren estos eventos, no nos pagan tanto como podrían, se nos condena a un espacio mental tan reducido que no podemos proponer nada si no es a través de una larga cadena de intermediarios con el ego hinchado como un sapo. El control que ejercen sobre nuestro ocio es el control de nuestro tiempo libre y por tanto la dominación final de nuestra vida, la rendición total a la empresa. Y para que eso entre bien, tienes que aprender a amar a la empresa.

Por eso, aparte de las divertidas actividades de fin de semana, vas a la oficina y ves cartelitos colgando del techo con el nombre de la empresa o logotipos o el lema mismo de la empresa serigrafiado en las paredes blancas de los pasillos y no, por el contrario –lo que tendría su gracia– el guarismo de tu pobre nómina con la que tiras, como puedes, todos los meses del año. Es la continua repetición de la imagen, del sello de la entidad, para que adquiera, por machaconería, consistencia de realidad en las mentes trabajadoras. Para que esa imagen, corporeizada, perdure en el recuerdo. Y esa imagen es a la empresa lo que el himno y la bandera son al Estado.

Todo se subordina al nombre de la empresa, a la empresa hecha carne, y nosotros somos los sacrificados y las sacrificadas a la inmortalidad de esa carne. En su artículo ‘Ixen paraules’, Rafael Sánchez Ferlosio advierte de lo invasivo que es el trabajo, de hasta qué punto invade la vida libre: “El merecido descanso remite y encadena el ocio al trabajo, en la medida en que el descanso no puede –o no debe– concebirse más que como restauración y aun recompensa del cansancio y el sacrificio del trabajo manual”. Así nuestras empresas orquestan estas salidas de ocio para que lo asociemos a su generosidad y candidez. Para que nuestro duro trabajo diario tenga como objetivo una salida que, también, como el resto de nuestras vidas, esté ligada a la empresa. Como compensación a las cuarenta horas de trabajo para la empresa, más empresa. Todo es empresa. Así tú ya no eres tú, sino lo que aportas a la empresa y lo que esta te da a cambio. 

Salir un fin de semana con los gastos pagados por la empresa nos dará un buen recuerdo, pero no desaparecerán las fracturas internas del día a día laboral

Por eso van tan bien esas salidas de fin de semana, esas grasientas tapitas después de trabajar. Contribuyen a martillear la imagen en las mentes, a distraerlas de la realidad. Distraerlas de lo mucho mejor invertido que estaría ese presupuesto si se repartiera equitativamente entre los sueldos de la plantilla. Distraerlas de lo invasivo que es que se impongan estos eventos (que generalmente son infantiloides y ridículos) en tu tiempo libre. Distraerlas de lo falso que es ese gesto estratégico de la empresa. De lo falso que es que te paguen una ronda de fritangueo para que te parezcan filantrópicos y desinteresados cuando en realidad no se trata de un gesto libre ni espontáneo sino del cálculo que han hecho para ganarse la buena consideración de la plantilla. Distraerlas de la evidencia de que estos eventos jamás pagarán tu alquiler ni la compra de la semana. De la doble moral del gesto que hacen pasar por altruista cuando es pura construcción del ego corporativo y puras ansias de inmovilizar la iniciativa crítica o reformadora de las bases. 

La empresa quiere prevenir el pensamiento crítico o la disensión real. ¿Tú quieres crear equipo? Créalo en horas de trabajo, no fuera. Fuera, repito, tenemos vidas y las queremos vivir y las sabemos vivir mejor que vosotros. Salir un fin de semana a la montaña con los gastos pagados por la empresa nos dará un buen recuerdo (si cerramos los ojos a las intenciones reales), y, siendo optimistas, una o dos anecdotillas que podremos contar al volver, pero no desaparecerán las fracturas internas del día a día laboral. 

Nuestra tarea de cariño es darnos cuenta de lo que se esconde detrás de estas simpáticas propuestas y ver lo perversas que son en realidad.

Además: qué hay que celebrar. A los grandes cargos internacionales de la empresa multinacional de turno se les invita a pasar una semana en un hotel, se pagan rondas de cervezas y hors d’oeuvres en el comedor, cuando la mayoría de empleados tiene problemas para pagar el alquiler, y todo para festejar que la empresa existe y va bien. ¿Se celebra el sufrimiento de la plantilla? ¿La ineficiencia de los procesos que seguimos? ¿La insuficiencia de los salarios? ¿Cómo se llama cuando se celebra algo para ocultar otras cosas? Se me ocurren varias palabras. Pero da igual. Hay que estar agradecidos porque, al menos, nos permiten asistir a un espectáculo de falsedad en todo su esplendor. Y la sonrisa y la palmadita en la espalda que nos da la jefatura, sus palabras de agradecimiento y las promesas de futuros mejores caerán al suelo como ingrávidos, como lentos pañuelos de seda, dejando al descubierto lo que todos sabemos: que nada de lo que vemos es cierto.  

Hemos encontrado una caja de lápices de colores. Nuestra afasia sólo es ilusoria: hemos sabido ver la falsedad de este teatro del ocio, lo que realmente esconde, que son ansias de poder y dominación y de conseguir que todo sea empresa y, lo que no lo es, quiera serlo o vaya a serlo. Vale, pero aquí hay una caja de lápices de colores.

Què fem? On anem? D'on venim? 

Però aquí hi ha una caixa de llapis de colors. 

Joan Brossa

Para distraer a los empleados, a muchas empresas se les ocurre la idea de proponer actividades...

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Mario Amadas

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

3 comentario(s)

¿Quieres decir algo? + Déjanos un comentario

  1. Marcoafrika

    Artículo muy oportuno cuando nos encontramos de lleno en estas vísperas navideñas, donde la hipocresía y el cinismo de los explotadores alcanza su apogeo: en las comidas de “germanor” (hermandad) como dicen en Catalunya, donde se pretende ofrecer esa imagen corporativa, lo mismo que en esas actividades distribuidas a lo largo del año, los “afterworking” o sesiones de juegos y actividades compartidas a cargo de la empresa. Como los anuncios de la tele, como el bombardeo constante sobre la eficacia de los equipos aplicando técnicas que maximizan la eficacia laboral disfraza´ndola de bienestar para el esclavo y explotado. Después los explotadores se ríen en sus casas. Me arrepiento de haber participado en estos juegos macabros de los que, en efecto, apenas recuerdo nada salvo una sensación ilusoria y efímera que apenas podía ocultar mi animadversión por jefes, jefecillos y pelotas y un asco de mí mismo por haber participado en la farsa. hay que cambiar de sociedad o morir en el intento.

    Hace 6 meses 23 días

  2. pablo-luis-plo-alonso

    No son sólo los actos "ociosos" dentro de las empresas. Aquello del pan y circo hace tiempo que se inventó y que se practica en todas las instituciones que tienen jerarquía. Muchas veces no es la empresa la que invita, es el jefe, o el grupo de jefes, el que se paga una ronda para ganarse fieles. Y tampoco es que se pueda decir que esos eventos de ocio son de un costo tan alto como para pedir que con ese dinero aumenten los salarios, no se puede. Esos eventos cuestan... nada, en comparación con esa subida de salarios que sería justa. Además, no hay que olvidar que, en las empresas sobre todo, el criterio que se maneja entre los trabajadores es el de la competencia. ¿Me quieres decir que voy a recordar con agrado cualquier acto lúdico celebrado junto a con los que estoy en competencia?

    Hace 6 meses 25 días

  3. javier1

    Ya puestos a desbarbarizarnos, estaría bien escribir “jugar a LOS dardos” o “a LOS bolos”, como se hace en castellano y no plantarse a medio camino entre el horroroso anglicismo “jugar dardos”, como si estar totalmente dentro de un idioma o el otro fuera algo vergonzoso. 

    Hace 6 meses 25 días

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí